Ayer, cuando el presidente Juan Manuel Santos anunció el nombramiento de Germán Vargas Lleras en el Ministerio de Vivienda dijo que se trataba de “un cambio de alineación en el Gobierno”. Es una alineación que apunta a que inicia una nueva ‘cara’ de este Gobierno y que a la vez garantiza que Vargas Lleras no le inflija daño a Santos y que, por el contrario, le haga mucho bien con miras a la reelección.

Durante la contienda electoral, el presidente Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras estuvieron en polos opuestos. Pero cuando comenzó su Gobierno, Santos lo nombró en el ministerio más importante y ahora se la juega dejándolo en el que tiene mayor responsabilidad social

Ayer, cuando el presidente Juan Manuel Santos anunció el nombramiento de Germán Vargas Lleras en el Ministerio de Vivienda dijo que se trataba de “un cambio de alineación en el Gobierno”. Es una alineación que apunta a que inicia una nueva ‘cara’ de este Gobierno y que a la vez garantiza que Vargas Lleras no le inflija daño a Santos y que, por el contrario, le haga mucho bien con miras a la reelección.

Desde hace un año, Vargas Lleras había dejado saber que quería ser Ministro de Vivienda pero Santos se había hecho el de los oídos sordos. Con la última encuesta Ipsos-Napoleón Franco en la que quedó claro que este presidente no goza del ‘efecto teflón’ de su antecesor, el deseo le fue concedido.

Según lo que anunció el Presidente, el nuevo Plan de Vivienda que manejará Vargas consistirá en regalarle vivienda a cien mil colombianos: “Se acabará la exigencia de que los subsidios de vivienda se completen con un crédito bancario, lo que significa que vamos a entregarles subsidios que cubran el valor total –el ciento por ciento– de sus viviendas. En otras palabras: estamos hablando –óigase bien– de vivienda totalmente gratis para los más pobres del país”.

Esta movida tendrá grandes réditos políticos para el hasta hoy Ministro del Interior puesto que 100 mil familias recibirán de sus manos una casa totalmente gratis. Así, Vargas Lleras podrá complementar su imagen de “mano dura” con el “corazón grande” que le faltaba, tejer relaciones estrechas con alcaldes y organizaciones sociales de base y multiplicar sus votos con miras a fortalecer su aspiración presidencial.

Precisamente porque tiene esa aspiración presidencial y además cómo concretarla, ya que su popularidad en la última encuesta que lo midió superaba incluso a la del Presidente, Vargas Lleras es hoy –junto con Uribe– la mayor amenaza para la reelección de Santos.

Y como Vargas Lleras también había dejado saber que ya había agotado su tarea en el Ministerio del Interior, básicamente Santos tenía dos opciones: pasarlo a Vivienda o tenerlo de rival por fuera del Gobierno haciendo campaña.

Para Santos, tener a Uribe en la oposición ya es suficientemente desgastante como para también tener de competencia a Vargas Lleras, justo cuando su popularidad viene en picada. Neutralizarlo teniéndolo de su lado era una prioridad.

Además, de entrada le puso unas ‘restricciones’. En su alocución dijo que “este programa les dará prioridad a las familias que hacen parte de la Red Unidos y a los sectores más vulnerables. También habrá un porcentaje mínimo de viviendas en cada proyecto que se destinará a las familias afectadas por los desastres naturales –como la temporada de lluvias actual– o que habiten en zonas de alto riesgo”.

Es decir que Vargas Lleras no las podrá hacer –o por lo menos no todas– donde más le convenga políticamente sino que tendrá que hacerlas dentro de la esfera del Departamento de Prosperidad Social y de Colombia Humanitaria, que dependen directamente de Santos y son las dos máquinas para la reelección.

De esta manera, con este nombramiento no solo Vargas Lleras queda contenido, sino que, además, se convierte en la pieza más efectiva para detener las aspiraciones de Uribe de regresar al poder.

El seguro anti-Uribe

La última encuesta de Ipsos-Napoleón Franco muestra que Santos no ha logrado llegarle a los estratos más bajos, que son precisamente donde el ex presidente Uribe es más querido. Además, la mitad de los colombianos siente que Santos anuncia y promete pero no cumple. Y a esto se suma que con la ley de Regalías y otras medidas centralizadoras, Santos ha perdido la confianza de muchos alcaldes.

Este escenario –sobre todo si se mantiene– es un buen caldo de cultivo para una candidatura exitosa de Uribe, ya sea a la Vicepresidencia como fórmula de Óscar Naranjo o de otra persona de su confianza; o al Senado con una lista única por su movimiento Primero Colombia que podría convertirse en una poderosa fuerza de veto a la coalición de Unidad Nacional de Santos.

Con Vargas Lleras en el Ministerio de Vivienda, Santos tiene la certeza de que podrá entregar esas 100 mil viviendas en dos años. Si algo ha demostrado el Ministro del Interior es que él es una máquina para ejecutar. En los primeros seis meses de este gobierno ya había sacado adelante una ambiciosa agenda legislativa, había multiplicado con creces los cupos educativos en las cárceles, liquidado la Dirección Nacional de Estupefacientes, reestablecido la relación con las Cortes y revolucionado Fonsecón. Vargas Lleras tiene la habilidad política que le falta a gran parte del gabinete tecnocrático de Santos, que parece más cómodo formulando políticas que aterrizándolas. Y lo que Santos (y el país) necesita ahora son los resultados de todas las reformas, leyes y planes formulados en estos dos primeros años.

Con este plan asistencialista de vivienda, el Gobierno encuentra un programa social urbano que le hacía falta para conectarse con los estratos bajos. La Ley de Víctimas es una bandera esencialmente rural que tiene poca resonancia entre el electorado urbano y que, en todo caso, como se puso en evidencia con la salida de Juan Manuel Ospina del Incoder, enfrenta grandes retos para despegar.

Y también es un puente para acercarse a los alcaldes con los que el Presidente ha sufrido un desgaste por cuenta de la Ley de Regalías. Para construir esas 100 mil viviendas, Vargas Lleras tendrá que trabajar de la mano de las autoridades locales, que encontrarán en esas casas también una oportunidad política para mostrarle obras concretas (y de concreto) a sus votantes. Vargas Lleras siempre ha sido muy consciente de la importancia de lo local y por eso ha impulsado iniciativas como la Casa del Alcalde, que ayuda a los mandatarios a formular proyectos para obtener recursos nacionales y que a la vez le da un espacio para forjar una relación directa con ellos.

De esta manera, la bandera con mayor potencial político del Gobierno estará en cabeza de los ‘rojos’ que es el sector político indiscutiblemente santista y en el cual el Presidente se apoyará si aspira a un segundo período. Con el reemplazo de Beatriz Uribe, sale la última uribista que quedaba (aunque desde antes de la captura de Andrés Felipe Arias ella había marcado distancia frente a este grupo). Solo falta Diego Molano, el actual director del Icbf, que está en la cuerda floja. Y ahora sí Santos podrá decir que Uribe ‘es cosa del pasado’, por lo menos en su gobierno.

Si Santos decide apostarle a la reelección, las 100 mil viviendas regaladas y construidas bajo el liderazgo de Vargas Lleras le servirán como un efectivo capital político. En este caso, Vargas Lleras podría encabezar una lista liberal ‘unificada’ con Cambio Radical que le de la pelea a la lista de Uribe al Senado con él de primero. Si, por el contrario, Santos decide proyectarse internacionalmente y no aspirar a un segundo período, dejará a Vargas Lleras como cabeza de una candidatura liberal reunificada para sucederlo en Casa de Nariño.

Soy la directora y fundadora de La Silla Vacía. Estudié derecho en la Universidad de los Andes y realicé una maestría en periodismo en la Universidad de Columbia en Nueva York. Trabajé como periodista en The Wall Street Journal Americas, El Tiempo y Semana y lideré la creación de la edición diaria...