En la mañana del 13 de diciembre el doctor. Sultan Al Jaber CEO de Adnoc, (empresa petrolera estatal de los Emiratos Árabes Unidos), quien al mismo tiempo fue designado como presidente de la COP 28, cerró en medio de aplausos optimistas una conferencia que tuvo como uno de sus principales acuerdos “hacer una transición para abandonar los combustibles fósiles en los sistemas energéticos, de manera justa, ordenada y equitativa”.

Este consenso, sin fecha de cumplimiento ni una ruta clara de trabajo, se suma a otros como el inicio del Fondo de Daños y Pérdidas, el aumento de recursos para el Fondo Verde del Clima y el lanzamiento del Grupo de Revisión de Deuda en Acción Climática.

Estos acuerdos los considero como los principales regalos que esta COP 28 le da a la humanidad, así las cosas, tome un buñuelo y concluya si estos regalos lo hacen feliz o le parecen una chichigua miserable.

Claramente, la transición de los combustibles fósiles era algo que el mundo esperaba escuchar hace varios años, sin embargo, con los efectos del cambio climático cada vez más presentes en el mundo, la gente quería escuchar cuándo y cómo.

Desafortunadamente, esta transición es horriblemente compleja no solo porque estos combustibles son la base funcional de la mayoría de los países del mundo o porque están fuertemente ligados las necesidades inmediatas de la ciudadanía del común (transporte, logística y energía, entre otros), sino porque los combustibles fósiles aportan riqueza a los países que lo producen y esa riqueza da poder.

De acuerdo con John Mearsheimer “el poder es la moneda de las relaciones internacionales”. En esta lógica planteo que la transición energética será posible solo en la medida en la que esta no reste poder a los poderosos.

Por otro lado, el Fondo de Pérdidas y Daños empieza a tomar vida con un aporte inicial de 700 millones de dólares (0,2 por ciento del dinero que es necesario), un hecho muy importante porque con estos recursos se espera compensar por pérdidas y daños a países afectados por el cambio climático.

El riesgo de este Fondo es que los grandes emisores de Gases de Efecto Invernadero (GEI) sientan que puedan seguir emitiendo a perpetuidad mientras realicen los respectivos aportes económicos a este fondo.

En esta línea, en la COP se anunció que el Fondo Verde del Clima recibiría 3.500 millones de dólares adicionales en la segunda fase de reaprovisionamiento de este fondo, para un total de 12.800 millones de dólares para el periodo 2024 – 2027. Este también es un “jurgo de plata”, sin embargo, no es suficiente porque aún no se cumplen los 100.000 millones de dólares anuales que se pactaron en la COP 15 de Copenhague.

Estos dos elementos muestran que existe voluntad de aportar dinero, sin embargo, no se ha cumplido todo lo que se pactó. Por esto, considero esperanzador el lanzamiento del Grupo de Revisión de Deuda en Acción Climática, ya que espero que este grupo, conformado por Colombia, Francia y Kenia, eventualmente haga recomendaciones que permitan materializar lo que el gobierno colombiano ha venido mencionando en la arena internacional como “canje de deuda por acción climática”.

Esta materialización plantea la posibilidad de que existan fuentes adicionales de financiamiento de la mitigación, pero principalmente de la adaptación al cambio climático y que no estén necesariamente ligadas a la voluntad de los países desarrollados.

Estas fuentes adicionales eventualmente liberarían espacio fiscal y le aportarían a la soberanía climática de los países. En otras palabras, el largo plazo de los países vulnerables al cambio climático no debería depender tanto de la buena voluntad y de las realidades políticas de los países desarrollados.

Considero que el regalo de la COP 28 para la humanidad es entender que, a pesar de los avances, aún falta mucho camino por recorrer. Sin embargo, esta conferencia confirma la importancia de la presión mediática y social como instrumento para mover la voluntad política, dinamizar recursos y tomar decisiones que gradualmente transformen el mundo, aunque tal vez no tan rápido como se requiere.

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Es consultor independiente en temas de economía ambiental. Estudió ingeniería ambiental en la Universidad de la Salle y una maestría en economía y gestión ambiental en la Universidad de York. Sus áreas de interés son economía ambiental aplicada en Colombia, incentivos a la conservación y vehículos...