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Hace cuatro años, Donald Trump era el primer interesado en prohibir TikTok en Estados Unidos. Por ese entonces, la aplicación le parecía una amenaza para la seguridad nacional e incluso buscó que fuera vendida para mantener alejado al gobierno chino. Hoy, de vuelta en la Casa Blanca y tras un apagón relámpago de la plataforma, el Presidente es percibido por decenas de millones de usuarios como el salvador de esa red social.
El fin de semana pasado, la compañía anunció que dejaría de estar disponible en Estados Unidos. “Se ha establecido una ley que bloquea TikTok en Estados Unidos. Lamentablemente, eso significa que por ahora no podrás usar TikTok”, decía el mensaje que se desplegó en la pantalla de la aplicación.
El apagón, sin embargo, tan sólo duró doce horas. Ese mismo día, Trump aseguró que extendería el término de aplicación de la ley, y al día siguiente TikTok volvió a estar disponible. El mensaje con el que la compañía anunció su regreso fue tanto una notificación a los usuarios como un abrazo al nuevo gobierno: “Como resultado de los esfuerzos del presidente Trump, TikTok está de vuelta en los Estados Unidos”.
En el núcleo de estas idas y venidas de la plataforma se encuentra la Ley para Proteger a los Estadounidenses de Aplicaciones Controladas por Adversarios Extranjeros, que, con el apoyo de Joe Biden y un acuerdo bipartidista, fue aprobada en abril del año pasado. Al igual que en el primer periodo de Trump, la motivación para tomar medidas contra TikTok radicó en la relación de ByteDance –su compañía matriz– con el gobierno de China, y la posibilidad de que los datos de millones de ciudadanos estadounidenses pudieran ser utilizados por un gobierno que Estados Unidos considera enemigo.
En la práctica, la norma plantea que, para subsistir en el mercado estadounidense, ByteDance debía vender su participación en TikTok. La fecha límite para que esto ocurriera fue el pasado 19 de enero. Es decir, el último día del gobierno de Biden, por lo cual la responsabilidad sobre el futuro de la plataforma empezó a saltar de un lado a otro. El gobierno entrante declaraba su interés por mantenerla a flote y manifestaba que poco podía hacer mientras no asumiera el poder; el gobierno saliente, que impulsó la norma, indicaba que la implementación estaría exclusivamente en manos de la administración Trump.
Entre tanto, intervino un actor fundamental: la Corte Suprema de Justicia. TikTok y un grupo de usuarios habían demandado la norma por considerar que era una vulneración a la libertad de expresión de los usuarios, en contravía de la Primera Enmienda de la Constitución. Con notable prisa, apenas una semana después de escuchar los argumentos de la compañía en una audiencia en la que se percibió el escepticismo de los jueces, el tribunal dejó en firme la ley.
De acuerdo con la decisión, aunque inevitablemente el cierre de una aplicación como TikTok tiene efectos sobre la libertad de expresión de millones de personas, el objeto de la ley no es el contenido en línea, sino quién controla la aplicación. En su consideración, el hecho de que ByteDance esté sujeta a leyes que podrían obligar a TikTok a cooperar con los trabajos de inteligencia del gobierno Chino y entregar los datos de los usuarios estadounidenses es un riesgo que justifica la restricción.
“Las disposiciones impugnadas son, en apariencia, neutrales en cuanto al contenido. Imponen prohibiciones específicas para TikTok debido al control de un adversario extranjero sobre la plataforma y establecen la desinversión como un requisito previo a la operación continua de la plataforma en Estados Unidos. No están dirigidas a discursos particulares basados en su contenido”, se lee en el documento.
En su fallo, la Corte se refirió a las “bien soportadas razones del Congreso” para haber aprobado la norma. Sin embargo, para muchos la evidencia de una manipulación es escasa e insuficiente para tomar una medida que puede afectar masivamente la libertad de expresión.
Organizaciones como Electronic Frontier Foundation han señalado que no hace falta tener participación en una red social para que actores extranjeros puedan obtener datos de los ciudadanos, que en todo caso pueden ser robados, rastreados o comprados por otros medios. “La prohibición o venta forzada de una red social virtualmente no hará nada para proteger los datos de los estadounidenses”, aseguró en un comunicado a propósito de la decisión.
Para otros, no se trata tanto de un problema de libertad de expresión o protección de datos, sino de la estructura del mercado digital. Para Daniel Castro, de la Information Technology and Innovation Foundation, debería cuestionarse por qué las aplicaciones chinas pueden ser descargadas por millones de usuarios mientras que en China las aplicaciones estadounidenses son sistemáticamente bloqueadas.
De cualquier manera, la decisión sienta un precedente importante en la restricción de aplicaciones, pues el gobierno tiene un músculo más grande para afectar la actividad de las plataformas al tener sospechas de un riesgo para la seguridad nacional. Lo cual resulta, a su vez, muy conveniente para los competidores.
En su primer día de gobierno, Trump le dio un nuevo aire a TikTok. A través de una orden ejecutiva –una de las muchas que firmó en su regreso a la Casa Blanca–, el mandatario prorrogó la aplicación de la norma durante 75 días. A pesar del respiro, esta nueva medida no deja tranquilo a nadie.
Por una parte, aunque los usuarios en Estados Unidos tienen acceso, ByteDance todavía se encuentra en la obligación de vender su participación en TikTok. Por la otra, las dudas sobre el sustento legal de la orden de Trump han mantenido a otros involucrados en alerta. Google y Apple, por ejemplo, se han precavido de volver a ofrecer a TikTok en sus tiendas de aplicaciones, pues la ley estipula sanciones de 5,000 dólares por cada usuario que acceda a la plataforma a través de sus servicios, lo que podría traducirse en multas de miles de millones de dólares.
Los caminos de Trump son inescrutables, por lo que es difícil adivinar de qué manera podría desatarse este nudo legal y corporativo. Según lo han reportado medios como Bloomberg, el mandatario está interesado en que la empresa sea adquirida en una suerte de ‘joint venture’ entre los propietarios actuales y nuevos compradores. Respecto a estos últimos, en una conversación con periodistas, Trump propuso dos nombres cercanos a él: Larry Ellison –CEO de Oracle– y su jefe de debate digital, Elon Musk.
TikTok ha guardado silencio frente a estas especulaciones. En su última declaración al respecto, dada mientras restablecía su servicio, el área de políticas públicas de la compañía declaró que trabajaría con Trump “en una solución de largo plazo que mantega a TikTok en los Estados Unidos”.
A diferencia de su percepción durante el primer mandato, Trump ve menos el asunto de TikTok como un jefe de estado que como un influenciador y estratega político. Al firmar la orden que suspende la aplicación de la ley, el mandatario aseguró que, aunque no era un gran usuario, TikTok tiene “un lugar especial” en su corazón. Poco antes de las elecciones, en conversación con Joe Rogan, Trump había comentado la importancia que esta red había tenido para llegar a audiencias más jóvenes.
En diciembre pasado, en una convención conservadora en Arizona, volvió a referirse al potencial de la plataforma “Me trajeron una gráfica, y era un récord. Era tan hermoso de ver, y mientras la miraba, dije: ‘Tal vez debamos mantener esto (TikTok) por aquí un rato más”, indicó.
También la mirada de hombre de negocios de Trump moldea su visión del asunto TikTok. Según ha dicho, la salida de la plataforma de Estados Unidos afectaría su valor, mientras que mantenerla en el país –y en manos de sus empresarios– podría representar un botín de más de 50.000 millones de dólares. En esa puja no faltarán interesados ni aliados, más si se tiene en cuenta que –como le quedó claro al mundo entero el día de su posesión– este nuevo gobierno tiene a bordo a la cúpula entera de Silicon Valley.
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