Este es un espacio de debate que no compromete la opinión de La Silla Vacía ni de sus aliados.
Con estos elementos contextuales y conceptuales, se espera seguir promoviendo el debate en torno a la interpretación de las nuevas dinámicas de la violencia armada que se desarrolla en varias subregiones de Colombia.
En el actual contexto colombiano, se hace necesario diferenciar los conceptos de autodefensa y paramilitarismo, ya que estos, han venido siendo utilizados indistintamente para referirse a varias expresiones de violencia armada presente en algunas subregiones del país. Hasta el momento, han sido pocos los esfuerzos por lograr una conceptualización rigurosa. En este sentido, a continuación se realiza una breve aclaración conceptual con el fin de partir de unas definiciones de base que permitan problematizar las complejas expresiones actuales de violencia armada.
“La autodefensa” es definida por Lgojal como una organización de vocación armada, aunque no todos sus miembros porten armas o participen en acciones violentas. La autodefensa es una organización de carácter eminentemente defensivo, local y quienes la integran tienen una vocación distinta a la militar. Como en el caso de las autodefensas campesinas, conformadas por campesinos que se arman para defenderse de un agresor externo. Este autor, le confiere cierto nivel de legitimidad a este concepto, de ahí que sostenga que distintos actores armados hagan uso de esta denominación para encuadrar a una pluralidad de formas organizativas que tienen poca relación entre sí. Para Lgojal, el concepto es usado con fines de propaganda, ya que: “con autodefensa se pretende legitimar un fenómeno, y con paramilitar, deslegitimarlo” .
En cuanto a los paramilitares es importante señalar que Kalyvas y Arjona , Ldojal y Cubides coinciden en afirmar que la mayoría de estos grupos se relacionan directa o indirectamente con el Estado, especialmente en el marco de procesos contrainsurgentes. Un aspecto en el que no hay acuerdo teórico, es con respecto al grado de autonomía de estos grupos frente al Estado, es decir, si hay una dependencia estructural o una independencia tolerada o supervisada.
Para el caso colombiano, dicha autonomía quedó de manifiesto en la entrevista que concediera en 1991 Fidel Castaño, fundador de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), a Alejandro Reyes, en esta entrevista, Castaño afirma:
“Nunca he combatido al gobierno ni tampoco he recibido colaboraciones especiales del ejército. Soló conseguí que me dejaran actuar tranquilo y no interfirieran en mi lucha. Cuando el gobernador de Córdoba o el alcalde de Montería me piden alguna colaboración económica o de maquinaria o el ejército un novillo para alimentar a las tropas, yo siempre les colaboro”.
En el mismo sentido, en 1999 Carlos Castaño (hermano menor de Fidel y su sucesor al frente de las Accu), como vocero de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en entrevista sostenida con Alejandro Reyes, sostuvo que:
“A mí el secuestro de mi padre me llevó a participar, junto con otros 100 hombres, en entrenamientos que se daban en el Batallón Bomboná. Cada vez había más civiles del lado del ejército por las alianzas que este promovía (…) Hubo autodefensas ilegales cuando eran legales. Las ilegales eran toleradas por las Fuerzas Armadas si hacían actividades antisubversivas, pero cuando no lo hicieron se inventaban acciones y mataban gente inocente. Nosotros estábamos por una causa antisubversiva y al ver la degradación de las autodefensas de Henry Pérez, decidimos salirnos de la región. El padre de las autodefensas fue el Coronel Alejandro Álvarez Henao”.
La relación (directa o indirecta) con el Estado, es un elemento constitutivo del paramilitarismo, así como también lo son 1- la existencia de una oposición política armada o un contexto social complejo, que sea percibido como una amenaza real al orden de cosas que dicen defender; 2- Limitaciones estatales en temas legales por presiones internacionales, restricción de recursos materiales para sostener los intereses que defienden estas organizaciones; 3- Son organizaciones con distintos grados de irregularidad en su accionar.
En este escrito se entiende como paramilitares a: “los grupos armados que están directa o indirectamente con el Estado y sus agentes locales, conformados por el Estado o tolerados por éste, pero que se encuentran por fuera de su estructura formal”.
En Colombia estas organizaciones han sido productoras de violencia paraestatal, ya que por su carácter ilegal y los objetivos que persiguen se establecen en forma paralela al Estado, es decir, no lo combaten, lo cooptan e instrumentalizan en función de sus intereses a diferencia de la insurgencia armada, cuya violencia contraestatal busca la destrucción de la institucionalidad estatal y sus agentes.
La desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), entre los años 2003-2006 no dio por finalizado el ciclo de violencia paraestatal y todas sus redes de ilegalidad, sino que por el contrario, dio inicio a una compleja trama de reconfiguraciones y mutaciones de las estructuras y grupos armados que no participaron en el proceso de desmovilización, otros que se rearmaron y otros que emergieron. Debe aclarase que estos grupos posAUC, mantienen líneas de continuidad pero también presentan rupturas con las estructuras de las AUC.
En este contexto se hace importante abordar y analizar las nuevas formas del crimen organizado desde marcos conceptuales y de interpretación diferentes a los usados con el paramilitarismo reciente (AUC). Es necesario que desde la academia, los medios de comunicación y las organizaciones de la sociedad civil, formulemos nuevos enfoques teóricos y de interpretación que den cuenta de la complejidad de las nuevas dinámicas de la violencia armada que hoy se desarrolla en las periferias colombianas, y que no obedecen a las mismas lógicas del paramilitarismo reciente.
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Disidentes |
Rearmados |
Emergentes |
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Frentes de las AUC que no se desmovilizaron (no formaron parte del proceso de negociación); una estrategia de los comandantes paramilitares con la que buscaban no perder el control de importantes negocios ilegales como el contrabando de gasolina y el narcotráfico. |
Individuos o grupos desmovilizados que recibieron beneficios del Gobierno, pero que vuelven a realizar actividades relacionadas con el crimen organizado o el narcotráfico por medio de la creación de grupos nuevos o la participación en grupos ya existentes. |
Grupos conformados después de la desmovilización de las AUC. También pueden ser “híbridos”, es decir, integran desmovilizados y nuevos miembros, combinando de esta manera a rearmados y emergentes. |
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Frentes o grupos de las AUC que formaron parte del proceso en sus inicios pero que no se desmovilizaron. |
Grupos preexistentes a las AUC con poca visibilidad e impacto por la acción de las AUC. | |
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Unidades e individuos de bloques desmovilizados, que no se desmovilizaron. Un ejemplo de esto fueron las llamadas “células durmientes”. Durante el proceso de negociación con el Estado, los comandantes paramilitares ubicaron a mandos medios de mucha confianza, en lugares estratégicos. Una vez desmovilizados ciertos Bloques, estas células se activaron, con el fin de mantener relaciones de poder, control poblacional, afianzar alianzas y continuar con la captura de espacios sociales e institucionales. |
Estos grupos ocuparon los espacios dejados luego de la desmovilización de las AUC. |
Tabla1. Origen de los grupos armados posAUC. Fuente: Trejos (2020) con información de Cnmh (2015) y Fundación Cultura Democrática (2009).
El ejercicio de elaborar esta genealogía de los grupos armados ilegales posAUC es importante en la medida en que abre una nueva discusión sobre sus continuidades o rupturas con el paramilitarismo reciente. Frédéric Massé realizó una comparación muy útil para tener una visión integral sobre las características, medios y fines de estas nuevas organizaciones criminales (tabla 2).
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Continuidades con las AUC |
Rupturas con las AUC |
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Grupos posAUC |
Operan en los mismos territorios que lo hicieron los bloques de las AUC. Especialmente en los que hay presencia de rentas ilícitas (minería ilegal y siembra de hoja de coca, procesamiento y exportación de clorhidrato de cocaína). En resumen, controlan rentas ilícitas y predan rentas legales. Su presencia urbana ha ido en crecimiento. |
No son grupos esencialmente contrainsurgentes. Esto se evidencia en los pactos que las AGC (Autodefensas Gaitanistas de Colombia), también conocidas como el Clan del Golfo, establecieron con el Bloque José María Córdoba de las desmovilizadas FARC-EP, en Urabá y el Bajo Cauca; y con el ELN en el Sur de Bolívar, respectivamente. Lo mismo sucede en la actualidad con los Rastrojos y el EPL (Ejército Popular de Liberación) en el Catatumbo. |
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En el momento de su aparición, la mayoría eran comandas y conformadas por exmandos medios y paramilitares rasos de las AUC. |
Las relaciones con la fuerza pública dejaron de ser orgánicas o institucionales y ahora “sostienen vínculos o relaciones menos estratégicas, y más comerciales y mercantiles, con individuos de la fuerza pública” (Massé, 2016, p. 23). | |
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Utilizan los mismos repertorios de violencia e intimidación. |
Son poco visibles, conceden muy pocas entrevistas. | |
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No tienen un proyecto político nacional o regional. | ||
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Son organizaciones desideologizadas pero debe tenerse en cuenta que la ausencia de plataformas o programas políticos y un discurso público no implica una despolitización, ya que en la práctica, al controlar territorios deben construir o negociar la construcción de órdenes sociales informales. | ||
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Su organización interna no es vertical, funcionan más en redes y han incorporado principios empresariales a su práctica criminal subcontratando a bandas locales para la realización de actividades ilícitas puntuales. |
Tabla 2. Continuidades y rupturas de las grupos posAUC con las desmovilizadas AUC. Fuente: Trejos (2020) con información de Massé (2016).
Con estos elementos contextuales y conceptuales, se espera seguir promoviendo el debate en torno a la interpretación de las nuevas dinámicas de la violencia armada que se desarrolla en varias subregiones de Colombia, y que desde algunos sectores sociales y políticos se insiste en seguir denominándolas paramilitares.
